La pintura cambió mi mundo en un instante, fue la primera vez que vi El Almuerzo de los Remeros que me transportó a un mundo desconocido para mí, una dimensión de formas y colores que tiñeron mi retina transformándola en un caleidoscopio sideral, donde ya no cabía nada ordinario ni común, las imágenes cotidianas tomaban nuevas dimensiones en la interpretación del artista de ese instante.
